Los lectores de “Medicina Gaditana” que siguen este apartado saben que sus coordenadas son arte e historia y, visto el gran patrimonio cultural que posee la provincia de Cádiz, hemos pensado en lanzar ocasionalmente un “artículo viajero”. Su finalidad: dar a conocer bellos e interesantes lugares que por nuestro ritmo acelerado de vida permanecen invisibles teniéndolos muy próximos. Esperando mostrar una sección atractiva que merezca su atención, nos lanzamos a ello.
Algo muy importante es poder contar con alguien que conociendo y amando su población nos vaya mostrando sus aspectos más representativos. Pensando en la proximidad de la Semana Santa y en esas pequeñas vacaciones que van a tener lugar hemos decidido comenzar esta nueva aventura a ver qué tal.
El azar nos lleva a Medina Sidonia y la suerte a D. Ramón Pérez Montero, escritor y profesor de Literatura en el Instituto San Juan de Dios, que va a ser nuestro guía y acompañante. Él y un grupo de asidonenses crearon hace años una interesante y bien construida revista, “Puerta del Sol”, que con una profunda labor de investigación pone en valor toda la tradición histórica, social, cultural y gastronómica de esta bella ciudad, conjugando el pasado con el presente.
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MEDINA SIDONIA: “SI LAS PIEDRAS HABLARAN”
Hace unos años, Antonio Gala escribió una magnífica serie para TV, “Si las piedras hablaran”. Natalia Figueroa, su presentadora, nos ponía en antecedentes de lo que íbamos a ver. Solía ser un hecho histórico de gran trascendencia y repercusión desarrollándose en el mismo lugar en que había acontecido. Nada de decorados. Tal cual. Tampoco había actores, sólo voces en off que representaban a los protagonistas del suceso. Las piedras fueron sus testigos y ahora nos devolvían aquellos diálogos que habían tenido lugar ante ellas. Estuvimos gran parte de la mañana paseando por una ciudad cálida, acogedora y colmada de un gran pasado. Llegamos hasta la parte más alta de la ciudad donde se encuentra la Iglesia Mayor: Santa María La Coronada. La Patrona. Las vistas son espectaculares, sólo la línea del horizonte les pone fin. Atravesamos sus puertas más emblemáticas, El Arco de Belén, de La Pastora y La Puerta del Sol... imaginé que entre tantos e importantes restos arqueológicos, iglesias, conventos y personajes de auténtico relieve que habían pasado por allí, Antonio Gala hubiera tenido una difícil elección. Eran muchas las opciones...
Quizá, hubiésemos podido atender las explicaciones y razonamientos de Estrabón, que decía haber encontrado en esta zona los restos de una primitiva civilización que se correspondían con Tartessos.
Es posible que además de sus relaciones con Tarik, el general Musa Ben Nuaair nos desvelara el secreto mejor guardado sobre la elaboración del alfajor mientras degustaba uno celebrando la toma de Medina. Nos contaría la belleza de aquella plaza recién conquistada y sobre todo lo bien que podría ser defendida desde su imponente altura.
No menos satisfecho escucharíamos a Alfonso X “El Sabio” tras la conquista de Medina a los árabes. Regaló a la ciudad una talla de la Virgen realizada en alabastro. ¿Pensaría aquí en declarar el castellano como lengua oficial y literaria para las comunidades de Castilla? Lo más seguro es que le oyésemos recitar algunas de sus célebres poemas galaico-portugueses: Cantigas de Santa María.
Debió ser interesante la conversación entre María de Molina, viuda de Sancho IV, cuando necesitada de dinero para salvaguardar los derechos dinásticos de su hijo Fernando, empeña esta ciudad a Don Alfonso Pérez de Guzmán “El Bueno”.
El odio, ¡como no !,también lo conoció Medina. En tiempos de Alfonso XI, la ciudad fue donada a su gran amor y amante: doña Leonor de Guzmán. La reina María de Portugal la detestaba y cuando éste murió la reina no cejó hasta acabar con la vida de aquella. Ello no fue obstáculo para que los hijos de la amante tras una lucha fratricida siguieran con la monarquía, pero instaurando una nueva dinastía: Los trastámara.
Un espléndido torreón encierra una triste historia. Quizá quisiera desvelarnos cómo fueron los dos últimos años de la vida de Doña Blanca de Borbón. Casó a los 17 años con Pedro “El Cruel”. Fue abandonada inmediatamente. Durante 7 años conoció diferentes encierros. El último, este torreón. A su muerte contaba sólo 25 años. Pedro, al que todos temían, lo quiso así.
Viendo la fantástica talla, “El Cristo del Perdón” (en la foto), realizada por Pedro Roldán, pienso que durante su ejecución recordara a su querida hija Luisa (La Roldana. La primera mujer escultora de España, ver nº 66 de esta revista). Las grandes disputas que habían mantenido a causa de Luis Antonio de los Arcos. Pedro quería prevenir a su hija sobre la falta de cualidades personales y artísticas de aquel hombre para ser su marido. Luisa no lo vio así. Se casó con él y no volvió a ver a su padre. No le perdonó jamás que quisiera inmiscuirse en su vida .Lamentablemente el padre tuvo razón.
Los relatos podrían ser infinitos pero es un aspecto que dejo a su imaginación. Cuando vengan, a Medina, paseen sin prisa por sus calles de marcado trazado árabe y déjense seducir por lo que ven; quizás acierten a escuchar alguna historia entre sus piedras.
Medina tiene gran cantidad de festejos a lo largo del año. Todos importantes e interesantes.
Pero consciente del gran legado patrimonial, artístico y gastronómico que posee, es en el mes de diciembre cuando realiza una gran puesta en valor de todos estos valiosos aspectos en unas jornadas llamadas de “Puertas Abiertas”, donde vamos a poder conocer, aprender y degustar todo lo que la historia le ha concedido a esta bella ciudad. Enrique IV “El Impotente”, por privilegio fechado en Badajoz (1472), la convierte en ciudad, y como vemos en su escudo “ torre estrellada sobre corona ducal” la ciudad siempre prevaleció sobre el señorío.
A la caída de la tarde nos despedimos de Ramón, nuestro cicerone, agradeciéndole todas sus atenciones y de Medina, a la que volveremos a ver muy pronto.
Para mas información: Oficina de Turismo (Tlfno: 956412404)