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Arte y mitología
26.10.2009
 

 

Marián Ripoll Úbeda.

Profesora de Humanas

 

 

Situada en la zona más oriental del Mediterráneo y rodeada por los mares Jónico y Egeo aparece la península griega. En ella nacieron los Juegos Olímpicos en honor al dios Zeus, una primitiva democracia de la mano de Pericles, nuevas formas de pensamiento con la filosofía de Platón y Aristóteles, aparte de unos bellísimos órdenes arquitectónicos.

Una parte importante de su cultura también fue la mitología. El perfecto engranaje en el que enarbolaron ingeniosas y espectaculares leyendas (que luego el Renacimiento rescató, plasmándolas en  admirables obras de arte) sigue vigente en el arte, cine, teatro y literatura.

Idearon dioses y héroes que al conjugar sus vivencias con personajes mortales, crearon todo un cuerpo narrativo que explicaba desde las fuerzas y fenómenos de la naturaleza física a todos los sentimientos que alentaban o enrarecían los de la naturaleza humana.

Su adhesión a los dictámenes del oráculo  era tan fuerte (los más numerosos fueron los dedicados al dios Apolo en la ciudad de Delfos) que podemos considerar como una importante seña de identidad del pueblo griego: la fuerza fatal e inevitable del destino. Éste va a ser el eje de nuestro artículo.                                      

                             

En 1554 llega a la España  del rey Felipe II un encargo que le había sido hecho al pintor italiano Tiziano Vecellio (1488-1576). Se trataba del cuadro “Dánae y la lluvia dorada” basado en una leyenda mitológica griega:

 

“Dánae era la hija del rey de Argos, a quien el oráculo le había vaticinado que tendría un nieto que acabaría por arrebatarle la vida y el trono. Acrisio que así se llamaba el  rey, para evitarlo, la encierra en una torre de bronce. Pero Zeus, el supremo dios de los griegos, se enamora de ella y la posee en forma de lluvia de oro (momento que plasma la obra de Tiziano). De esta unión nació Perseo. Temiendo las represalias de Acrisio, Zeus libera a madre e hijo llevándoles a tierras lejanas”.

         

Hacia la mitad del siglo XVI, el duque de Florencia, Cosme de Médicis, se entrevista con el orfebre más afamado del momento: Benvenuto Cellini (1500-1571). Le pide la realización de una escultura que refleje su poderío y autoridad. Es más, tiene muy claro lo que quiere. Desea la figura de “Perseo cortándole la cabeza a la Medusa”.

 

“Perseo, para lograr su condición de héroe, debe matar a la Medusa, un monstruo mitológico con serpientes en lugar de cabellos y una mirada tan terrorífica que convierte en piedra  a todo aquél que se atreva a mirarla. El futuro héroe es un joven inteligente, decidido y de fuerte voluntad. Aunque lo desconoce, es hijo de Zeus y los dioses del Olimpo intervendrán favorablemente en su gesta. Hades, el dios de los infiernos, le prestará su casco que concede invisibilidad a quien lo lleve. Hermes, el mensajero de los dioses, le dejará una espada curva que cortará con facilidad el cuello del monstruo. Por último Atenea, diosa de la guerra, le cederá su brillante escudo que actuará de espejo para que Perseo mire a través de él a la Medusa y no se convierta en piedra. El hijo de Zeus y Dánae consigue su objetivo. De la sangre de Medusa nace Pegaso, el caballo alado que le permite huir a gran velocidad. Perseo, convertido ya en héroe, acomete algunas gestas. Una de ellas le lleva a la ciudad de Argos (de donde procede). Mata al rey sin saber que es su abuelo y ocupa el trono. El destino que predijo el oráculo se ha cumplido”.

 

Cellini realizó una grácil figura en cobre y estaño de proporciones más humanizadas que las esculturas en mármol de tamaño colosal que salían de las manos de Miguel Ángel (1475-1564). Su autor consiguió una figura bellísima. Pero aún logró algo más importante:

Cuando Perseo, ante tan gran hazaña, levanta en su brazo derecho la cabeza de Medusa,

la suya se inclina suavemente en señal de humildad... emocionante espectáculo.

En la Plaza de la Señoría, frente al Palacio Vecchio (sede del gobierno florentino), se encuentra La Loggia de Lanzi. Ese era el lugar donde debía colocarse la escultura. Cellini pidió al duque elegir él el lugar exacto de ubicación, puesto que dicha plaza es bastante amplia. Cosme I de Médicis había quedado tan complacido que se lo permitió.

Cellini no lo dudó. Colocó a su Perseo y Medusa frente a la estatua marmórea de Hércules y Caco, realizada por su mayor y odiado rival Baccio Bandinelli, dejando a esta escultura convertida doblemente en piedra. Cellini quedó también muy entusiasmado.

 

PARA LEER

Las leyendas y sus representaciones artísticas están llenas de matices que pueden resultar interesantes para los lectores que gusten de ellas. Pudiendo consultar en cualquier manual especializado.

 

PARA VER

- Florencia, sin prisa y con un marcado itinerario. Sin olvidar El Perseo y  la Iglesia de San Lorenzo donde se encuentran las tumbas de Los Médicis realizadas por Miguel Ángel

- Madrid. Por un lado, el Museo del Prado, donde hay una extensa representación de pinturas de Tiziano y podremos contemplar a Dánae y la “Lluvia dorada”.

Visitar El Escorial. En la iglesia del Monasterio se encuentra una pequeña talla en mármol. Es un Crucificado realizado por Cellini. El duque de Médicis se lo regaló al rey Felipe II.



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