Concierto de Navidad: Mudanza y rescate de David Palomar

Por el Concierto de Navidad del Colegio supimos que David Palomar está de mudanza, ahora también de enseres domésticos, pero en su honda formulación del flamenco, de su arte, siempre lo ha estado. Palomar hace del arte supremo del rescate de las raíces del cante, de la búsqueda de lo puro una mutación, un traslado y una recuperación constantes.

En esta mudanza que no cesa Palomar se hace cada vez más personal, en lo que compone, en su nana caletera con la que arrancó tan recto y crítico con este mundo, y en lo que nos devuelve de sus maestros desde el respeto y la admiración para convocarlos a su lado en el escenario. “Con ustedes… Manolo Amaya, Chano Lobato, María Cornejo” y tantos otros. Escuchar hablar y contar a David es ya oírle cantar. Tras la nana que compuso mientras acunaba a su hijo, vinieron los cantes de Cádiz, las alegrías y el tanguillo –“esa banda sonora de Cádiz”-. Hasta en los villancicos recupera Palomar a quienes le cantan al oído, a Canalejas de Puerto Real o Ignacio Espeleta. Y en ese transporte permanente, subiendo y bajando por las galerías del flamenco, este conductor recoge ese legado, lo registra y nos lo lleva a casa, toca nuestra puerta y ahí nos lo entrega, con el albarán de un regalo navideño. Con esa levedad y hondura lo hizo, acompañado al toque por Manuel Urbina, un escudero inédito a su lado pero que parecían púa y carne de toda la vida.

El fin de fiesta fue un terremoto cuando subió Anabel Rivera y sus Flamencos Jóvenes, a quienes correspondió también abrir la velada con una selección de villancicos populares. Las réplicas del seísmo se sucedían y el público respondía a la demanda de colaboración desde el escenario. Y así hasta el final.

¡Qué noche!

El Concierto de Navidad contó con el patrocinio de March JLT

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